sincera pluma sigue siendo la franca e independiente pluma de ayer. Es obvio que ella no escriba en el destierro para especular ni para obtener beneficios personales. Escribe solo para llevar a sus lectores un mensaje basado en principios inmutables. Ella algún día partirá hacia la otra vida sin haber dejado “fortunas” ni prebendas materiales pero sí acompañada de la “fortuna” de haber realizado una labor constante llena de obstáculos pero sin claudicaciones por los más altos intereses de nuestra causa y de nuestra patria.
En Cuba fuimos enterrados simbólicamente en la Universidad de La Habana por la tiranía comunista y el populacho oportunista cuando de verdad llovían esos raíles sobre nuestras cabezas. Y hoy seguimos teniendo nuestra razón cualquiera que sea la lluvia que nos depare el destino. Nuestra pluma no es la única en el exilio. Las hay mejores. Mucho mejores. Pero la nuestra tiene una tradición a que remontarse a la que se tiene que mantener fiel inalterablemente. Para esta sencilla pluma todo cubano digno que esté enfrentado a ese régimen tiene toda su simpatía aunque pueda discrepar en algunos aspectos, o en muchos, de sus ideas o proyecciones. Eso no tiene importancia. Su único anhelo es que se restaure en la patria un sistema democrático, un estado de derecho para que todas las plumas y todas las voces puedan expresar libremente lo que les dicta sus conciencias y con el mismo derecho con que otras ideologías, menos las totalitarias, puedan expresarse en voz alta sin coacción ni temor. Para nosotros todo aquel que, queriendo o sin querer, le haga el juego a Fidel Castro está en contra de nuestra causa, en contra de nuestro sueño de libertad. Trátese de quien se trate, sea de Obama, de Clinton, de Franco, de Bush, de la ONU, de la OEA o del “pipisigallo”…
Que quede bien clara nuestra idea de reproducir en esta serie todo, o casi todo, lo que nuestra mente y nuestro corazón nos impulsó a manifestar con el comunismo en el poder lo que pensábamos y creíamos de la terrible revolución que asesinó a nuestra tierra querida. Tierra que resucitará algún día pero que nunca volverá a ser lo que fue antes de Castro si se le sigue poniendo una vela a Dios y otra al demonio tanto hoy como mañana en la patria liberada de su desgracia.